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Madre, tu ya no eres tuya sino mía.

Te has ido dando como la luna sobre el agua.
Toda tu claridad se han reflejado
inmensa, sobre mi alma.

Madre, ya no eres tú,
tu risa no es tu risa.

Soy yo quien te sonríe, quien te mueve las manos.

Quien te vive y respira por ti.


Ya no eres tú, madre mía.

Has fijado tu claridad lo mismo
que la luna en el lago.

En mí tu imagen flota, reposa, duerme, gira,
en una simbiótica unidad que nivela
tu carne con mi carne, tus ojos con mis ojos,
tu pena con mi pena.

Y tu fin - extinguirte sonriendo - es el mío.

-¡Tu fin !- Allá en lo alto te esperará una estrella.

Yo te sujetaré con mis manos (¡tan jóvenes!)
más arriba del mar, más arriba del tiempo.

Y nos daremos juntos, madre mía, tan juntos
que Dios no sepa nunca distinguir si eres una
o somos dos a una los que nos hemos muerto.




31, Julio 2009, 2009, 12:19
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